Un debate que definirá Vaca Muerta

El 2018 se perfila como el cuarto año más caliente del que se tenga registro. Si bien pueden sobrevenir algunos años más templados, la tendencia es clara: las temperaturas seguirán subiendo mientras no se logre poner un coto a las emisiones de gases de efecto invernadero. El cambio climático está generado por acciones humanas, como el uso de carbón, petróleo y gas, y su existencia se hace notar cada vez más de modo tal que se vuelve innegable. Por caso, 17 de los 18 años más cálidos desde que se tengan registros modernos tuvieron lugar desde 2001 a la fecha.
Conscientes de que descarbonizar la matriz energética es el primer paso para enfrentar el nuevo y amenazante escenario climático, países como Irlanda y Costa Rica anunciaron la desinversión completa en combustibles fósiles. En tanto, en la Argentina, se consolida la apuesta por Vaca Muerta, el segundo yacimiento de gas de esquisto más grande del mundo, ubicado en la provincia de Neuquén.
Mientras, las discusiones centrales del G20 dieron un giro y, ahora, privilegian al gas sobre las energías renovables -rebautizandolo como “el combustible del futuro”-, organizaciones ambientalistas alertan sobre las consecuencias que tiene continuar con las actividades en Vaca Muerta.
Desde Greenpeace Ingo Boltz, coordinador de la campaña de Clima y Energía, comenta al respecto: “Al extraer el gas de Vaca Muerta y los demás depósitos de shale de la Argentina, y quemarlo, generamos 1.5 veces el CO2 que emite el mundo entero en un año (50 mil millones de toneladas)”. Esto representa una “verdadera bomba de carbón” que se escupiría a la atmósfera y que contribuirá a acelerar y potenciar los efectos del calentamiento global, que ya estamos viviendo.
“La Argentina está comprometida por el tratado de París a hacer todo lo posible para limitar las emisiones y así evitar un calentamiento por encima de 1.5 grados. “Abri” Vaca Muerta es hacer lo contrario. Y es irresponsable”, opina Boltz.
“Al respecto, la ciencia es clara: debemos ir abandonando el uso de los combustibles fósiles”, comenta Enrique Maurtua Konstantinidis, Asesor Senior de Política Climática en Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) en conversación con Sustentabilidad. “En el marco de los acuerdos internacionales la inversión en ellos sencillamente no tiene lugar”.
En este sentido, “estamos contextualizados en un mundo que avanza hacia las energías renovables y está desinvirtiendo en combustibles fósiles. Por ejemplo, uno de los fondos de pensión más grandes, como es el de Noruega, dejó de invertir en carbón y, ahora, está apuntando contra los combustibles líquidos. Por estas razones, fomentar Vaca Muerta es ir a contramano”.
Gas sí o gas no
Desde el otro lado de la vereda, Ernesto A. López Anadón, presidente del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), responde. “Hay una enorme contribución del gas natural a una matriz de energía más sustentable”, comenta en diálogo con Sustentabilidad y precisa que el shale puede generarle un diferencial importante a la Argentina contra los países desarrollados que utilizan carbón.
Evaluando los escenarios relacionados al cambio climático, López Anadón manifiesta que “en todos, al gas se le asigna un rol fundamental. Incluso en el más restrictivo pasaría del 22% al 25% de la matriz”. Cabe recordar que se proyecta que el consumo de energía, en 2040, aumente 30% y que las renovables crezcan hasta el 29%.
Entonces “además de esta introducción importantísima de renovables, la acción más importante es el desplazamiento del carbón (del 27 a un 13%) a raíz de la utilización del gas y las renovables”. Así, “La Argentina se espera que crezca y con ella la utilización del gas para generación térmica, transporte, industria, petroquímica y demás”.
Para el presidente de IAPG el gas a suministrar debe provenir de algún lado y hay que agradecer que “se tiene todo el desarrollo de los recursos no convencionales que son tight gas y shale gas, éste último es Vaca Muerta”.
Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén, hizo público recientemente que la producción de gas y petróleo creció en los últimos cinco meses y que “esto nada tiene que envidiarle a otras cuencas y es el fruto de un trabajo en equipo y del desarrollo de un polo energético e industrial desde Neuquén para la Argentina y América latina”. Asimismo, anuncia que habrá un crecimiento mayor en el número de concesiones en la cuenca. Estas podrían duplicarse, así como en los desarrollos masivos, que de tres pasarán a seis. “Esto resulta de más inversión en Neuquén, lo que redunda en más producción y más trabajo”, cierra.
Desde Greenpeace, Boltz contrapone que, hoy, las inversiones en energía renovable exceden las de Oil&Gas y que generar electricidad con solar y eólica es mucho más barato que hacerlo quemando oil o gas, incluso en la Argentina. “¿Por qué estaríamos apostando a un futuro energético de gas, cuando tenemos el mejor potencial eólico del mundo en la Patagonia y de solar en el norte?”. En la misma línea, Konstantinidis suma el siguiente dato: “Solo una porción de la Argentina podría abastecer de energía renovable a todo Latinoamérica. Estamos hablando de potenciales colosales”. López Anadón, responde marcando que la clave está en que “no hay que olvidar que las renovables son intermitentes y se tienen que compensar con turbinas de gas”.
El fracking
Para entender mejor de qué se habla cuando se habla de fracking, Boltz indica que, en yacimientos como Vaca Muerta (llamados “no convencionales”) los hidrocarburos no están libres como en los convencionales. Al estar “atrapados en roca, para extraerlos, hay que perforar más pozos (esencialmente agujereando vastas superficies) y después inyectar en cada pozo millones de litros de agua, cientos de toneladas de arena, y un cocktail de químicos tóxicos”.
Desde el IAPG responden. “Con el fracking se trata de una técnica segura, probada y conocida que, como toda actividad humana, no está exenta de riesgos, aunque todos ellos perfectamente manejables”, comentan y destacan que la actividad no implica “pulverizar” la roca ni fracturar con explosivos. “Sólo se utiliza presión, a través de un medio líquido, que es el fluido de fractura”.
Por su parte, Nicole Oliveira, directora para Latinoamérica de 350.org -una organización que fomenta energía limpia y libre manifiesta: “No deberíamos estar haciendo nuevos pozos de hidrocarburos sino una energía limpia y justa. Cuando se realiza el fracking se habla de los empleos que genera, pero no de que está arruinando la economía local”, sentencia Oliveira. La directiva sostiene que, en Neuquén y en Río Negro, parte de la industria frutihortícola ya no puede producir porque “está todo contaminado y no hay incentivo para los productores. Hoy se ven almacenes que, antes, almacenaban frutas y que hoy guardan productos químicos de la industria del fracking”.
Mientras la discusión sobre cómo debe ser la transición energética se vuelve cada vez más urgente, Vaca Muerta ya provee 25% del gas natural y 8% del petróleo que se produce en nuestro país.
El caso de Irlanda
En un hito histórico, el Parlamento de Irlanda aprobó a principios de julio la Ley de Desinversión de Combustibles Fósiles, convirtiéndose en el primer país del mundo en retirar el dinero público de la industria de los combustibles fósiles. El proyecto de ley exige que el fondo soberano de Irlanda, el Irish Strategic Investment Fund, de 8.000 millones de euros, abandone todas inversiones en carbón, petróleo y gas en los próximos cinco años.
El anuncio llegó pocos días después de la llamada del Papa a la acción climática, en una conferencia de dos días realizada en el Vaticano y al final de una semana repleta de anuncios de desinversión. Los compromisos incluyen la desinversión total de una de las facultades de la Universidad de Cambridge y la decisión de la Iglesia de Inglaterra de deshacerse de los combustibles fósiles antes de 2023, siempre que las empresas en las que se encuentren esas inversiones no tomen medidas para cumplir con el Acuerdo de París.

20/09/2018

Fuente: El Cronista

2018-09-20T18:39:32+00:00